La música, la apreciación estética y la humanidad

La música, la apreciación estética y la humanidad

 
Uno de los mayores exponentes de la música instrumental contemporánea es el compositor griego Yanni Chryssomallis. En 1993 lanzó su famoso concierto Yanni Live at the Acropolis en el Odeón de Herodes Ático de Atenas y a la fecha ha recorrido recintos emblemáticos en diversos países del mundo. En 2013 se presentó en el atrio del Convento de San Antonio de Padua de Izamal, Yucatán.

Mirar, admirar y escuchar la ejecución de una espectacular orquesta internacional de músicos de estudio perfectamente ensamblados llenos de virtuosismo en la ejecución y al mismo tiempo dando pinceladas de improvisación; es sin duda una experiencia que eleva nuestra esencia humana frente a la música.

La música activa múltiples regiones del cerebro de manera simultánea, estimulando redes neuronales relacionadas con la memoria, la atención y el movimiento. Facilita los recuerdos intensos del pasado y en padecimientos como el Alzheimer la memoria musical suele ser una de las últimas capacidades en deteriorarse.

Pero es en expresiones artísticas como la música y en este caso en un concierto que, si observamos conscientemente, podríamos apreciar además de la estética, la sorprendente capacidad de los ejecutantes para desaparecer del  foco y convertirse en parte de la pieza musical que es interpretada.

¿Es esta experiencia la evidencia inobjetable de que el bien común deja de ser una utopía para que, al menos por unos minutos, abandonemos nuestro egocentrismo y volvamos a creer en la humanidad como algo sublime?

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